Buscar

Big brother is watching ¿your tweets?

La censura de Donald Trump despertó todo un debate en torno a la libertad de expresión y al poder que han venido adquiriendo las Big Tech en nuestra cotidianidad. Los caldeados ánimos, en su mayoría auspiciados por la indignación conservadora americana e internacional, suscitaron la propuesta que sea el Estado el ente garante de que las personas puedan poner lo que quieran en las redes. ¿En serio? ¿Darle la potestad al gobierno de turno de decidir eso? George Orwell nos diría “Big brother is watching you”.



A Donald Trump, dos trinos sumidos en un escandaloso contexto violento por la toma del Capitolio, le costaron su presencia en Twitter. La red social dueña de todo el debate político en el mundo, y el corazón de la opinión pública. La medida se tomó porque Twitter, como toda empresa privada, tiene un manual de convivencia al que sus usuarios se acogen cuando se suscriben en la red. Este manual alberga la “Política relativa a la glorificación de la violencia[1]”, que fue el inciso con que la empresa sancionó al presidente americano.


No perdamos la perspectiva. Nos guste Trump o no, es la potestad de todo privado de guardarse el derecho de admisión. Si usted viene a mi casa y en mi sala empieza a despotricar con vehemencia sobre Dios o la Virgen María, mi propia proximidad con la religión me hará sacarlo a patadas, sin rechistar. Y no significa que esté coartando su libertad de expresión, pero estoy haciendo respetar las normas que rigen mi propiedad privada. Lo mismo sucede con Twitter.


Estar de acuerdo o no es un veredicto que se esboza motivado por inclinaciones políticas. Es decir, pese a que pienso que la medida de suspender a Trump es acertada, considero que también se debe evaluar con el mismo racero a personajes como Nicolas Maduro o Gustavo Petro que también hacen de la mentira y la alegoría al odio y la violencia, un estandarte en sus publicaciones. De modo que la parcialidad ideológica de la gente que maneja Twitter desde una oficina en San Francisco es evidente. Progresista y evidente.


Ahora, ¿esto está mal? El moralismo bienpensante tan de moda hoy en día, nos quiere obligar a creer que todos debemos actuar en medio de una imparcialidad impoluta por encima de nuestros gustos y pasiones y, por evidencia académica, esto resulta imposible[2]. Precisamente porque no todos somos iguales ni pensamos de la misma manera, es que el mercado es tan rico. Nos tiene en cuenta a todos y no nos discrimina.


No fue necesario que ningún gobernante ni ningún abogado “leguyelo” tomara cartas en el asunto, cuando el mismo mercado ya estaba castigando a Twitter por enfurecer al nicho conservador de sus usuarios. En tan solo tres días, las acciones de la red social se habían desplomado un 11%[3], cifrando cada una en 45,8 dólares. En el NASDAQ, los títulos de Twitter descendieron un 6,41%, lo que significa una pérdida de 2.624 millones de dólares en su capitalización bursátil[4].


¿Estado? ¿Pa´ qué?


Como en una mueca macabra de la libre competencia, la caída del gigante fue la algarabía de alternativas del mercado tecnológico como Parler y Gab. La primera censurada rápidamente por Apple, AppStore y Amazon por acoger al público trumpista, y como el mercado nunca se queda quieto, la alternativa fue la segunda.


El crecimiento de Gab ha sido exponencial. En un solo día, Donald Trump adquirió un millón de seguidores y, paralelo a esto, tras el bloqueo a Parler esta red social ha registrado un promedio de suscriptores que superan los 600.000 diarios[5], números que representan un crecimiento del 120% para la empresa en un lapso inferior a una semana. Que curioso es el mercado. De no conocerte nadie a que sueñes con competirle a una big tech. Puro orden espontáneo del que nos hablaba Hayek.


Pero supongamos que mañana el Estado, pecando por su fatal arrogancia, decide intervenir las big tech y regular las plataformas. ¿Y si las redes no acatan sus medidas? ¿Las prohibirían? ¿Nos obligarían a los contribuyentes a abandonar las plataformas? ¿Cuántas empresas en Colombia o el mundo, encuentran en las redes sociales un pilar de su modelo de negocio? Es inviable.


Según una investigación que realizó el portal GoDaddy.com, el 40% de las empresas que compran un dominio a través de sus servicios obtienen sus ingresos mayoritariamente por las redes. ¿Entonces?


Cada vez que una big tech sufre una fuga de suscriptores se liberaliza más el mercado. El oligopolio se tambalea un poco y hace que nos fijemos en alternativas que pueden llegar a competir de manera más directa, aunque parezca inviable. Este mercado es así, de arrebatos. Solo piense una cosa: ¿Cuánto tardó WhatsApp en quitarle el trono a BBM y Widows Live Messenger?

[1] https://help.twitter.com/es/rules-and-policies/glorification-of-violence (Consultado 14/01/2021) [2] https://www.elpais.com.uy/vida-actual/deshacernos-prejuicios-dice-ciencia.html (Consultado 14/01/2021) [3] https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/10983739/01/21/Las-acciones-de-Twitter-caen-hasta-un-8-en-bolsa-tras-suspender-la-cuenta-de-Trump.html (Consultado 14/01/2021) [4] https://www.eleconomista.com.mx/mercados/Facebook-y-Twitter-caen-en-Wall-Street-tras-suspender-las-cuentas-de-Donald-Trump-20210111-0060.html (Consultado 14/01/2021) [5] https://elceo.com/tecnologia/gab-la-plataforma-que-atrae-usuarios-de-parler/ (Consultado 14/01/2021)

0 comentarios